martes, 18 de noviembre de 2008

Pinocho

En un viejo taller un chatarrero llamado Óliver, un señor muy amable y simpático, terminaba un día más de trabajo poniendo los últimos retoques de pintura metalizada a un robot que acababa de construir ese día. Al contemplarlo, pensó: -¡Qué bien me ha quedado!- Como el robot había sido hecho de tornillos, tuercas, etc. Óliver decidió llamarlo Troco.
Aquella noche, Óliver se fue a dormir deseando que su robot fuese un niño de verdad. Siempre había deseado tener un hijo. Y al encontrarse profundamente dormido, llegó una bruja buena que al ver lo bien elaborado que estaba Troco, quiso premiar al buen chatarrero, dando vida al robot con su varita mágica.
Al día siguiente, cuando se despertó, Óliver no daba crédito a sus ojos. Troco se movía, caminaba, se reía y hablaba como un niño de verdad, para alegría del longevo chatarrero. Feliz y muy satisfecho, Óliver mandó a Troco a la escuela. Quería que fuese un niño muy ingenioso y que aprendiera muchas cosas. Le acompañó su amigo Pepe, un saltamonte muy sabio. Pero, en el camino a la escuela ...
Alberto Rizo Afonso 2º A

1 comentario:

Nicolás M. Melo Chinea dijo...

¡Muy bien Alberto! Has conseguido una versión de “Pinocho” muy divertida y merece la pena que la concluyas. ¡Felicidades!