Aquella noche, Óliver se fue a dormir deseando que su robot fuese un niño de verdad. Siempre había deseado tener un hijo. Y al encontrarse profundamente dormido, llegó una bruja buena que al ver lo bien elaborado que estaba Troco, quiso premiar al buen chatarrero, dando vida al robot con su varita mágica.
Al día siguiente, cuando se despertó, Óliver no daba crédito a sus ojos. Troco se movía, caminaba, se reía y hablaba como un niño de verdad, para alegría del longevo chatarrero. Feliz y muy satisfecho, Óliver mandó a Troco a la escuela. Quería que fuese un niño muy ingenioso y que aprendiera muchas cosas. Le acompañó su amigo Pepe, un saltamonte muy sabio. Pero, en el camino a la escuela ...
Alberto Rizo Afonso 2º A
1 comentario:
¡Muy bien Alberto! Has conseguido una versión de “Pinocho” muy divertida y merece la pena que la concluyas. ¡Felicidades!
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